Alvaro Longoria, director del documental Santuario: “No se trata de ser ecologista, se trata de sobrevivencia”
Santiago. 17 agosto 2020. En un momento del documental Santuario, el capitán del barco Arctic Sunrise realiza una suerte de declaración de principios ante la cámara: “Puedes estar sentado sobre una pila de basura con mucho dinero en tus manos y tal vez seas un millonario, pero no te puedes comer esos billetes”.
La expresión es un corolario y lema de los esfuerzos para crear un santuario protegido en el Mar de Weddell, en las costas de la Antártica.
Durante una hora y 15 minutos, la película del realizador español Alvaro Longoria (1968) mostrará la vida doméstica y las reuniones públicas de los hombres y mujeres detrás de este proyecto, comandado en gran parte por Greenpeace.
Junto a ellos, los hermanos actores Javier y Carlos Bardem los acompañarán en sus viajes al continente antártico y en sus encuentros con políticos y autoridades de algunos de los países más poderosos de la Tierra.
En el caso de Javier Bardem, también habrá un memorable viaje a las profundidades marinas. Ahí conocerá los asombrosos corales y la ignota fauna de aquellos mares bajo cero También, en algún momento, comprenderá que para ayudar más a la causa, es necesario que rompa su ostracismo habitual y entre al mundo de las redes sociales.
Estrenado en el Festival de Cine de Toronto 2019, Santuario es uno de los proyectos más personales de Alvaro Longoria (1969), productor de películas como Che (2008) de Steven Soderbergh, Comandante (2003) de Oliver Stone, Somos campeones (2008) de Javier Fesser o Todos los saben (2018) de Asghar Farhadi, pero también ambientalista convencido. Su filme Santuario, que además es narrado por el propio Javier Bardem, es uno de los estrenos del Festival de Cine Sanfic, disponible gratis en su plataforma virtual hasta el domingo 23.
Además, este sábado 22 a las 12 horas, habrá un encuentro virtual con el productor y director a través de las plataformas youtube de la Fundación CorpArtes y de Facebook Live de SANFIC.
Javier, al igual que su hermano Carlos, representan un poco al ciudadano común y corriente, al hombre promedio que no es activista de Greenpeace y que antes de esta expedición y de esta campaña no sabe mucho. Yo también soy bastante promedio, por lo demás.
Y cuando él llega a la Antártica y observa que todo camina como un reloj, queda anonadado y sorprendido.
No quisimos hacer una película didáctica, majadera y aburrida con frases del tipo: “No usen bolsas plásticas” o “No tiren desechos al mar”.
Más bien quisimos mostrar que es lo que perderemos si no tomamos conciencia.
Pero además procuramos exhibir que con acciones concretas se pueden lograr cosas: Javier, por ejemplo, sacó redes sociales para persuadir sobre la contaminación en la Antártica.
El actor Javier Bardem frente a un pingüino en una escena de Santuario (2019), película de Alvaro Longoria que se puede ver en el Festival de Cine Sanfic.
Desde que usted hizo el documental se han realizado dos votaciones de la Convención para la Conservación de Recursos Vivos Marinos (CCRVMA) y ambas han fracasado en aprobar el santuario en el Mar de Weddell, ¿Por qué?
Viéndolo en perspectiva, ya pasados dos años desde que rodamos el documental (fue en el 2018), uno sólo se convence de que los intereses económicos son tan brutales de que impiden aprobar cualquier medida que a todas luces parece obvia y urgente.
No hay otra explicación. Es probable que hasta los mandatarios de las mismas naciones que se oponen (China, Rusia y, en una de las votaciones, Noruega) crean que es necesario lo del santuario.
Pero a última hora priman otras variables. En Santuario se ve como en la votación de la CCRVMA parece ir todo muy bien y justo hacia el final y de la nada, las cosas se estropean y hay países que se oponen a las condiciones del santuario.
Y a propósito de eso, quiero contar una anécdota tragicómica. En la última cumbre sobre el cambio climático, la que era organizada por Chile pero fue realizada en Madrid, proyectamos nuestro documental en una de las salas.
Pues bien, al mismo tiempo que en la película se ve como los países no logran ponerse de acuerdo sobe el santuario, pasaba exactamente lo mismo en la sala de al lado, donde se nadie aprobaba un proyecto climático común. No lo podíamos creer. La historia se repite. Pesan, a la larga, otros intereses.
¿Usted siempre ha apoyado a Greenpeace?
La verdad de las cosas es que siempre he sido un amante de la naturaleza. Gracias a Carlos (Bardem) conocí a Greenpeace hace unos cinco años atrás.
El nos introdujo a Javier y a mí. Ahora bien, para mí esto de ser ecologista o no ser ecologista es una pregunta un poco pasada de moda.
Se trata de sobrevivir. ¿No hay opción, no? Es una cuestión de preservación de la especie humana y si quieres que tus nietos o que tus bisnietos puedan disfrutar algo parecido a lo que tú, no queda otra que apoyar las causas medioambientales.
Los hermanos actores Carlos y Javier Bardem a bordo del barco de Greenpeace, Arctic Sunrise, en una escena de Santuario.
Existe la sensación de que en medio de la pandemia, el tema ecológico tan presente el año pasado a través incluso de la figura de Greta Thunberg, ha pasado a un segundo plano.
Me parece que la pandemia, que antes que nada es un desastre, al menos nos da la posibilidad de comprender que vivimos en relación con la naturaleza.
Es cuestión de ver cómo se ha reducido la contaminación con la menor cantidad de viajes o de vuelos.
Ahora bien, eso no sirve de nada si los gobernantes no se dan cuenta de que hay ahora una oportunidad de mejorar nuestra convivencia con la naturaleza y de impulsar el cuidado al medioambiente.
No se trata de caer en el reduccionismo de pensar que vamos a acabar con los osos polares. No. Más bien vamos a acabar con los osos polares y, de paso, con nosotros.
Después de todo, la Tierra seguirá existiendo, con o sin nosotros. La desaparición de especies es sólo un termómetro.
Por otro lado, somos los ciudadanos los que debemos impulsar los cambios, pues los gobiernos tienen un problema: funcionan a corto plazo, de acuerdo a las elecciones, con promesas populistas.
En este corto período desde la declarada la pandemia, usted ya ha producido ademas dos series, Diarios de la cuarentena y Con-fin-a-dos, ¿Cómo armó todo tan rápido?
Bueno, en España vivimos al principio un régimen muy duro de tres meses de cuarentena.
Todo partió un poco fijándome en mi madre, que se la pasaba todo el día viendo noticias tristes de los muertos, los enfermos y cosas así.
Comprendí que había que crear algo para subir el ánimo de la gente y echando mano a alguna experiencia que tenía de dirigir a distancia y utilizando zoom, me puse en contacto con actores y escritores.
Hicimos rápidamente los guiones, les pasamos las historias a los actores y actrices, todos en confinamiento, y ellos se grababan a sí mismos.
Nosotros les dirigíamos desde el computador. Son sitcoms, de situaciones cotidianas. Como aprendimos bien, al final hicimos dos series. Siempre dentro de casa, sin salir. Eso sí, me gustaría volver a trabajar fuera del confinamiento.
A propósito de eso, el cine y la televisión cambiarán eventualmente tras la pandemia.
Definitivamente. Es muy difícil que siga igual. Hay varias cosas que ya han cambiado. Creo que el cine en salas continuará, pero tal vez nunca más con la fuerza que poseía antes.
La gente se ha acostumbrado mucho a las plataformas en todo este período de tiempo y, en realidad, era un cambio que ya venía desarrollándose desde hace un tiempo.
Lo otro que sufrirá evidentes modificaciones es la manera de rodar películas y series.
Ahora mismo, yo tengo dos películas financiadas, con actores y locaciones, pero aún no puedo empezar pues no están dadas las condiciones sanitarias.
Al menos aquí en España. Como decía Churchill, “soy optimista porque es la mejor opción”, pero el tema de los rodajes está complejo.
La gente quiere más contenidos, pero esos contenidos hay que producirlos, hay que hacerlos.
Fuente:latercera.com













