CON EMOTIVO FUNERAL, FAMILIARES Y AMIGOS DIERON EL ÚLTIMO ADIÓS A GUILLERMO VELÁSQUEZ
Punta Arenas. 4 septiembre 2011. Justo cuando el reloj marcaba las 14 horas, se dio inicio al oficio religioso celebrado en la sobria iglesia Luterana de Punta Arenas, liderada por una mujer, que con gran calidez permitió al centenar de familiares, amigos, compañeros de trabajo y conocidos, enjuagar en lágrimas del alma y en los ojos, el repentino fallecimiento de Guillermo Velásquez Gaete (1944-2011).
Astrea, su esposa, estuvo acompañada de Pablo, Rodrigo, Diego, Gonzalo y Muriel, sus cincos hijos quienes arribaron desde Argentina y Alemania para darle el último adiós a su padre. Pablo fue el encargado de hacer el discurso de rigor que resultó en un emotivo recuerdo -por momentos alegre- de un Guillermo Velásquez frenético, lleno de ideas, culto, luchalor, concecuente, pensador incansable, soñador empedernido, cariñoso padre y dedicado abuelo.
Pasadas las 15.30, el cortejo se dirigió hacie el cementerio Municipal, algunos a pié, otros en vehículo campeando el frio que hacía pensar en que el sol tampoco quería brindar su calor. También estaba triste. A medio camino, una columna de los buses amarillos de la Corporación Municipal le rendieron homenaje. Los choferes al pie de cada máquina miraban pasar el féretro del autor intelectual del Transporte Escolar Municipal (TEM) que lleva y trae de las escuelas a los estudiantes de escasos recursos y que apesar de la polémica por la forma en que se internaron, tanto moros como cristianos reconocer que prestan un servicio social de gran alcance.
Una vez en el cementerio Municipal, en donde salvo el alcalde Vladimiro Mimica (amigos desde la niñez de «Wiily» Velásquez) y el concejal Emilio Boccazzi, casi no habían representantes del mundo político. Raúl Muñoz, seremi de Educación que en la víspera envió una carta a director en el diario El Pingüino en la que destaca las virtudes personales y profesionales de Velásquez, también hizo acto de presencia. Antes, en la iglesia, también asistieron el concejal Antonio Ríspoli, la concejala Claudia Barrientos y su pareja Domigno Rubilar. Gonzalo Pumarino también despidió a Velásquez en el campo santo. Faltó un represetante oficial del Gobierno Regional, más que mal, Velásquez fue consejero regional justo cuando Chile volvió timidamente a la democracia, al igual que el intendente Arturo Storaker.
Allí, en el cementerio Sara Braum, la orquesta infantil de la Escuela Alberto Hurtado interpretó una melodía fúnebre ante la llegada del último viaje de este soñador insaciable. Seguidamente, Mimica sorprendió a todos porque lejos de improvisar un discurso, uno de sus célebres discursos que emanan de esa mente prodigiosa de verbos, adjetivos, metáforas y memorias, esta vez prefirió leer un discurso lleno de reconocimiento a la memoria de su amigo, de su compañero de causa, de su asesor leal y de su «cable a tierra».
«Lamento no haberte escuchado más», dijo el edil mientras algunos se miraban de reojo como previendo el difícil escenario político interno que se viene sobre Mimica al perder al asesor técnico y analísta político que junto a Hermes Hein era un verdadero salvavidas que le permitió en más de alguna ocasión evitar caer en desgracia dentro de la enmarañada burocracia municipal.
Fiinalmente, como todos lo haremos alguna vez, Guillermo Velásquez, su cuerpo envuelto en un fino féretro de madera fue descendido en un estrecho nicho y cubierto con tierra con las propias manos de sus hijos, su esposa, su nieta y sus amigos. Allí, junto a su madre, duerme el sueño de los justos, tras 67 años de vida, en las que siempre se las jugó por su fe, sus ideas y sus pasiones.















