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Diálogo Sur | Noticias y Opinión

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SALIR DEL HOYO

Por Gonzalo Espina
Punta Arenas. Agosto 2010. Aunque es una situación que da cualquier cosa menos risa, el accidente de la mina San José que mantiene a 33 trabajadores sepultados a 700 metros de profundidad también ha alimentado el humor. En un email que circula por estos días, con el nombre de: “el verdadero mensaje que enviaron los mineros”, se lee: “menos mal que no está Bachelet, sino cagamos los 33”.
Tal como lo hemos analizado reiteradamente en el programa de televisión Diálogo Sur a partir de las encuestas del diario La Segunda, Adimark y CEP, la gran diferencia que perciben los chilenos entre la ex Presidenta Michelle Bachelet y el actual Mandatario Sebastián Piñera es que mientras a la primera se le reconoce empatía con la gente, al actual jefe de Estado se le atribuye capacidad de gestión.
En el imaginario colectivo entonces, los mineros deben estar tranquilos porque “Piñera los va a sacar”. De hecho, en el estilo del nuevo rico, el gobierno no ha escatimado recursos en especialistas y equipos para ir en ayuda de los trabajadores y sus familias porque, en primer lugar, es lo éticamente correcto y, en segundo término, es una ocasión propicia para subir en las encuestas, posicionándose en el inconciente colectivo como un Presidente-empresario que sabe y puede estar “junto al pueblo”. Ya no son sólo palabras de candidato tratando de caerle bien a los electores, ahora se trata de demostrar como Presidente que es capaz de responder con eficiencia a su nuevo “directorio”: la gente.
El desastre de la mina San José, inédito en la industria de la minería mundial, se puede convertir en el gran evento de inflexión que permita un relanzamiento del gobierno de Sebastián Piñera, el que tras una difícil conformación, con terremoto y chascarros de por medio, puede reconvertirse y empezar a mostrarse tal cual se lo “vendió” al electorado: un gobierno eficiente al servicio de las necesidades de la gente. Por ello, entre otras cosas, Piñera y su gabinete entendió desde el comienzo la necesidad de mostrarse duro con los dueños de la mina, quienes para deleite de los asesores comunicacionales y políticos del gobierno, se mueven en esta crisis como unos elefantes en una cristalería. Así, en el imaginario, además de rescatar a los trabajadores, Piñera los defiende de los empresarios “explotadores”.
Esa eficiencia que permite, por ahora, sacar del hoyo de los mineros, es la que los magallánicos quieren ver, quieren constatar en sus autoridades regionales. La gente en Magallanes quiere que Piñera nos saque del hoyo, del estancamiento económico.
Presa de las políticas gubernamentales y de la ficha social para acceder a los subsidios, la gran mayoría de los habitantes de Magallanes ha sido testigo de la falta de movilidad. La democracia, en esta región, es sinónimo de proteccionismo social, no de crecimiento y prosperidad. Esto es lo que realmente explica el surgimiento de los “independientes” como expresión política. Allí donde la democracia no logra expresarse en movilidad social, surge el populismo como expresión de descontento. Un ejemplo extremo de este fenómeno es Venezuela.
La esperanza de los magallánicos –y lo que explica el 54% de los votos obtenido por Piñera en Magallanes- es que el nuevo gobierno genere las medidas necesarias para salir del estancamiento. Por ese camino está el Plan Magallanes, que actualmente se analiza en Santiago, con el riesgo –hay que decirlo- que de tanto analizarlo en la capital, se deje de escuchar a los gremios, empresarios, profesionales, deportistas, artistas y soñadores locales.
La buena noticia es que el propio Mandatario, en su reciente visita a la región, reconoció que Magallanes está económica y socialmente estancada. A diferencia de los presidentes Lagos y Bachelet, Piñera se hace cargo de una realidad “políticamente incorrecta” y eso puede convertirse en el inicio de un gran cambio para la zona. Si me permiten la comparación: para sanarse del alcoholismo, primero hay que reconocer que se está enfermo.
Es de esperar que los mineros puedan ser rescatados con los recursos humanos y técnicos adecuados y que todos aprendamos de la lección que nos brinda este cruel accidente que mantiene a todo Chile con una especie de negrura invisible, como si estuviéramos todos –a través de la televisión- encerrados en el fondo del yacimiento.
En la esperanza de que salgan sanos e ilesos de ese hoyo maldito, que no tenía una vía secundaria de escapatoria habilitada, puede Chile y especialmente Magallanes nutrirse de un sueño de un nuevo aire, de una nueva luz que ilumine el camino hacia tiempos mejores.

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