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Pepito el Breve: Ese oscuro oficio de escribir decretos

Pepito el Breve: Ese oscuro oficio de escribir decretos

Punta Arenas. 11 abril 2016.  En el mundillo periodístico y literario existe la costumbre de escribir con seudónimos, con lo que se hace una diferenciación entre el autor de carne y hueso y el escritor personaje, en ocasiones este último termina por absorber al primero.
 
Pablo Neruda, Gabriela Mistral, y Quirino Lemáchez, son los seudónimos de Ricardo Eliécer Neftalí Reyes Basoalto, Lucila de María del Perpetuo Socorro Godoy Alcayaga y de José Camilo Henríquez González, respectivamente. 
 
Pero hay quienes no se conforman con escribir solo bajo un seudónimo sino que usan varios como lo hizo el guionista de Hollywood, Daltón Trumbo, para conseguir trabajo en la Meca del Cine cuando fue perseguido y detenido por su afiliación comunista. Otros, como el caso del portugués Fernando Pessoa, llegan al extremo de usar  heterónimos (otro nombre) que la RAE define como “el autor ficticio o pseudoautor que es también personaje y del que se valen ciertos autores reales, llamados ortónimos, para crear una obra literaria paralela o distinta a la suya”.
 
Se ha hecho correr un rumor, no comprobado por cierto, que Williams Shakespearse no era quien escribía sus obras teatrales, sino que fue un anónimo escritor, algunos dicen que era Sir Francis Bacon.
 
Una práctica del todo deshonesta es el plagio o la copia que es hacer pasar como propia una obra ajena, o parte de ella,  sin el consentimiento del autor o siquiera tener la deferencia de citarlo.  
 
Como son pocos los mecenas, concursos y fondos literarios, escribir para otros es una forma de ganarse la vida. Así gracias al oficio de escribir camuflado sobreviven los escritores fantasmas, comúnmente llamado “negros literarios”, en estos casos el verdadero autor nunca se da a conocer, sino que escribe para otro por una retribución, por lo general económica, es como escribir a pedido y quien paga (el negrero) es quien  firma la obra.  
 
El personaje de Cyrano de Bergerac, vendría siendo un “negro literario”,  le escribía las cartas y poemas que su amigo enviaba a su amada. 
 
En los penales las solicitudes y cartas de los reos suelen ser escritas por los presos más ilustrados a cambio de un pago, que imagino es de cigarros o yerba mate,  por lo cual las peticiones tienen el mismo estilo y caligrafía, porque aquí los “negros”, están encarcelados. 
 
En política es de público conocimiento  que son los asesores quienes redactan los discursos de los líderes y mandatarios, así el segundo piso de La Moneda deben pulular fantasmas, no voy a decir “negros” o “negras” porque me acusarían de racista. 
 
Si hasta Dios, que debe hablar en lengua extraña, para ser entendido por los humanos se valió de otros para escribir el evangelio, no es de extrañar, entonces, que funcionarios de SQM redactaran artículos de un par de leyes y un Decreto Supremo durante el gobierno de Sebastián Piñera, porque dichos funcionarios no serían más que “negros literarios”, del ex presidente.
 
A lo mejor  nos sentimos engañados no tanto porque la minera no metálica haya obtenido un beneficio por redactarlos, sino más bien porque el ex mandatario siempre dejó en claro que él no era un “negrero”, el único negro que conocía era su hermano Miguel “El Negro” Piñera, pero de éste nadie sabe si es bueno para escribir.
 
Fuente:  Pepito El Breve
 
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