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Mario Astorga: ¿En Qué Estamos los Otros 13,9 millones?

Mario Astorga: ¿En Qué Estamos los Otros 13,9 millones?

Santiago. 25 marzo 2017.  A fines del año pasado Claudio Fuentes publicó un interesante ensayo, “¿Cuándo se Jodió Chile?”, en el que examina la historia política de nuestro país a través de anécdotas de acciones mañosas, maquinaciones, muertes y cohecho que al parecer han atravesado buena parte de nuestra vida republicana.
 
Varias veces en nuestra historia un grupo muy reducido de poderosos hombres de negocios han estado dispuestos a todo con tal de cautelar sus intereses, incluso tomar las armas, adulteración de padrones, compra de votos.
 
Desde el gobierno se han utilizado “todos los medios de lucha” para ganar elecciones, incluso se han  decretado estados de excepción. Las prácticas no-democráticas  que campearon por décadas en los siglos XIX y XX al parecer no han terminado y hoy día se encarnan en los comportamientos clientelistas de los grupos políticos internos de los partidos.
 
En pleno siglo XXI,  siguen vigentes los vínculos privilegiados entre algunos hombres de negocios y los grupos al interior de los partidos.
 
La opinión pública en años recientes se ha sorprendido con el uso de información privilegiada, tráfico de influencias, financiamiento ilegal a la política, cohecho e incluso chapucería rampante de buen número de políticos (para muestra el botón de la nueva ley de estacionamientos).
 
Entre los muchos hitos significativos mencionados por Fuentes quizás hay uno que muestra un estado de agotamiento de las instituciones y de descontento, similar al que sufrimos hoy día. El año 1900 Enrique Mac-Iver en su discurso sobre la Crisis Moral de la República denunciaba un gran nivel de descontento  e infelicidad  entre la población que está corroyendo a país y que según él provenía de la “falta de moralidad pública, del olvido del deber por el funcionario, el abandono de la función pública para dar paso a las ambiciones personales, al  odio, a la venganza, a la codicia  y al interés de la bandería” (partido político). Mac-Iver podría escribir hoy día lo mismo.
 
La conclusión de Fuentes, que a diferencia de su ensayo no me gusta, es que no debiéramos estar tan extrañados de los casos de corrupción política conocidos en los últimos tres años, ya que la situación actual no es tan diferente de lo que ha ocurrido en Chile a lo largo de nuestra  historia.  
 
Que incluso es bueno, porque ahora, por primera vez estamos discutiendo como país que democracia queremos. Fuentes es de la idea que nuestros próceres del presente y a  lo largo de la historia han sido y son muchos más humanos que lo que supimos en el pasado y que están  guiados simultáneamente por grandes ideales altruistas y por la codicia y las ansias de poder. Fuentes invita a revisar nuestras interpretaciones sobre la historia y a bajar del pedestal el pasado para darnos cuenta que lo que ocurre en el presente no difiere mucho de aquello.
 
¿Por qué a mi juicio la situación hoy en día es mucho más grave que en el pasado?  Por dos razones fundamentales: a) porque la ciudadanía, producto de los casos conocidos  ha ido perdiendo la confianza en todo tipo de instituciones, políticas, empresariales, religiosas, de orden y defensa, de justica, etc.
 
Este país que en las tres últimas décadas nos había enorgullecido, hoy nos resulta irreconocible. Cada vez que en el pasado hubo situaciones críticas hubo uno o dos puntales que permanecían erguidos dándole soporte al alma de los chilenos; a veces el líder político, otras el empresario solidario o la justicia imparcial, o las fuerzas del orden arriesgando su vida, o  los líderes religiosos, especialmente la iglesia católica; pero en los últimos años todas las instituciones han mostrado pies de barro, más débiles incluso -a través de mirar para el lado o de defensas corporativas esotéricas- que los propios seres humanos que las conforman. El ciudadano medio no tiene a quien seguir, a quien imitar. b) El empoderamiento de la gente.
 
Hoy los ciudadanos tienen más estudios y están mejor informados (aunque sean informados con la post verdad), son menos manipulables, son menos dóciles y van descubriendo formas cada vez más enérgicas de mostrar su rebeldía. Una de ellas es la participación política. Hace dos años atrás los 8 principales partidos de Chile PDC, PS, PPD, PC, PRSD, RN Y UDI tenían inscritos en el SERVEL  701.224 militantes, a lo que se suman los movimientos creados en los últimos años, (aunque ninguno de ellos  ha conseguido una cantidad de militantes significativa); sin embargo, a la fecha, a pesar de un gigantesco esfuerzo de refichaje, esos mismos partidos han juntado apenas 80.977 militantes, es decir la décima parte de lo que fueron o declaraban ser hace un par de años.
 
Ese conjunto de militantes representa apenas el 0,005% del padrón electoral.  ¿En qué estamos los otros  13,9 millones de ciudadanos inscritos en los registros electorales? es decir el 99,5%, que no militamos en ningún partido político y que queremos a Chile. ¿Acaso no tenemos algo que decir respecto a su desarrollo? ¿Estamos dispuestos a seguir abdicando nuestro poder en los mal llamados políticos profesionales?, ¿No habrá ninguna manera de organizarnos para influir en los destinos de Chile sino es a través de las viejas oligarquías partidistas? ¿No será el momento de abrir la democracia y eliminar los privilegios de los partidos en la elección de las autoridades? ¿Podría crearse un desgobierno mayor que el que hemos presenciado  en los últimos años?
 
Fuente: Estrategia.
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