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La desafección del empresariado con el gobierno

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La desafección del empresariado con el gobierno

Santiago. 26 mayo 2016.  El escenario era de optimismo. Dos meses antes de que Sebastián Piñera asumiera su segundo período presidencial, el Índice Mensual de Confianza Empresarial (Imce) alcanzó niveles récord.
Tras 45 meses en terreno negativo, enero de 2018 marcó un vuelco: llegó a 53,79 puntos, empinándose sobre los 57 puntos un mes después. Hoy, el panorama es distinto. En noviembre y diciembre el dato se ubicó en terreno negativo, y a abril, salvo la construcción, todos los sectores muestran una confianza bastante más deteriorada que el auge de hace un año.
Hoy en el ambiente empresarial hay desazón. Expectativas incumplidas en medio de un entorno político desafiante han teñido el panorama. Ninguna de las bulladas reformas de campaña ha visto la luz y, peor aún, se han hecho concesiones que muy pocos entienden. A un año y dos meses de asumir, y ante su segunda cuenta pública, gran parte del empresariado se muestra resignado ante un gobierno que muestra poco de los avances prometidos.
“El mundo empresarial no es contrario a Piñera ni nada parecido, pero existe una claridad de que esto ya no anduvo”, explica un dirigente. “Hay una sensación de que se está frente a un gobierno que impulsa demasiadas iniciativas, genera expectativas en todos los ámbitos y después se desinfla políticamente, porque no tiene piso en el Parlamento, y todo se tranca después de lanzamientos muy parafernálicos. Eso está generando mucha desorientación en el empresariado”, complementa el presidente de la CNC, Manuel Melero.
Una relación de más a menos
“Se acabaron los tiempos en que el pago era cuando el gran empresario quería”, dijo Piñera hace dos semanas. “El presidente de la Sofofa defiende los intereses de los empresarios”, había puntualizado meses antes.
Si bien voces empresariales precisan que tales frases han sido gratuitas y desafortunadas, hoy existe coincidencia en que la relación entre el gobierno y el sector privado es mejor que en la primera administración. En ese período, señalan, no hubo mayor contacto, fue todo muy frío y solo hacia el final se logró algo más de articulación.
Hoy, si bien varios sostienen que aún ronda la sensación de que el Presidente quiere desvincularse de su sombrero de empresario, la relación es más llevadera; para algunos, más sana. “Me resisto a encasillar la relación en los ejes de cercana o distante, o bien crítica o condescendiente.
La describiría como una relación sana, en cuanto a que lo propio de una sociedad moderna es que un gremio empresarial, así como cualquier otro actor social que aspira a incidir en el debate de políticas públicas, debe plantearse con independencia del gobierno y del poder político. Estoy seguro de que el gobierno aprecia un gremio que se expresa con autonomía”, precisa el presidente de Sofofa, Bernardo Larraín Matte.
En esa línea, el titular de la Asociación de AFP y ex CPC, Andrés Santa Cruz, enfatiza: “Creo que algo te escuchan, pero es difícil para un gobierno que los gritos de algunos no terminen marcando ciertas políticas. Hoy, sustraerse de los eslóganes es muy difícil. No es fácil hacer muchas cosas, pero no por eso se va a renunciar a hacerlas”.
En privado se comenta que si en el primer período esta relación fue de menos a más; hoy, va de más a menos.
Es que ambas partes encontraron una confluencia natural tras el gobierno de Michelle Bachelet. El país venía de años de muy bajo crecimiento y de una caída sostenida de la inversión, por lo que el retorno de Piñera se veía como una luz al final del túnel.
De hecho, algunos empresarios que habían asegurado no volver a votar por él, lo respaldaron totalmente. Las metas del futuro Mandatario prometían: duplicar la tasa de crecimiento, aumentar la tasa de inversión en tres puntos porcentuales, elevar la productividad… y así, suma y sigue.
Pero hoy, en medio de señales reactivadoras que pierden fuerza, esa confluencia se ha ido disipando. El primer trimestre el país se expandió 1,6% -bajo las expectativas-, y si bien el Ejecutivo ha insistido igual en que este año se crecerá un 3,5% -persistencia que desde el sector privado también miran con distancia-, las proyecciones del grueso de los economistas dicen lo contrario.
“Cuesta que la política procese adecuadamente reformas que son muy necesarias. Si bien se dijo en la campaña presidencial que era bueno volver a poner el crecimiento en el centro de la discusión, hoy cuesta que eso se materialice en acciones concretas y coherentes.
Ese es el aire que se respira”, señala Larraín Matte. “El manejo económico del gobierno y los resultados fueron buenos el 2018. Pero la situación será bastante más compleja el 2019 por la guerra comercial y las consecuencias de las dificultades que se han vivido en el Congreso para avanzar en buenas reformas fundamentales para el crecimiento y la inversión”, complementa el presidente de la CPC, Alfonso Swett.
Hoy todo apunta a que el país crecerá en torno a 3%, y no más.
Desaprovechar el momento
Para nadie es novedad que las reformas emblemáticas que se prometieron en la campaña se han encontrado con un clima político adverso.
Prácticamente todos los pasos que ha dado el gobierno en esa materia se han topado de frente con una oposición compleja. “El país se ha polarizado, y hay un grupo no menor de parlamentarios que está por oponerse a todo lo que venga del gobierno, sin entrar a ver qué cosas se pueden cambiar o mejorar”, sostiene Santa Cruz.
Con eso como base, sí ha llamado la atención el manejo del gobierno en ese entorno. Para muchos resulta paradójico que el Ejecutivo haya repetido el error de antaño de introducir iniciativas ante un Congreso adverso; a lo que suman que el Presidente no haya aprovechado el “momentum” para enviar al Parlamento reformas que al comienzo de su administración -con una popularidad de más de 58%- habrían tenido una tramitación con menos dificultades.
Un ejemplo concreto es la Reforma Tributaria, cuyo envío se dilató cerca de seis meses, y se mandó cuando su popularidad ya iba en 37%. “Se le pasó el tiempo político y el momento económico”, comenta un empresario. Y, además -añade la misma fuente-, “nadie entiende que haya entregado el impuesto corporativo previo al envío ”. La promesa de reducir el impuesto a las empresas se diluyó antes de la idea de legislar.
Fue justamente en ese momento cuando la administración Piñera se encontró de frente con la oposición de la Sofofa. Público fue el intercambio entre el Presidente y Larraín Matte. Mientras el segundo apuntaba a que era necesario reducir la tasa impositiva, el Mandatario atribuía su crítica a su defensa de los intereses empresariales.
Sentir similar se respira en el sector privado con la reforma laboral. “El gobierno la prometió para resolver los errores generados por la reforma de Michelle Bachelet; todo lo que tenía que ver con negociaciones colectivas, flexibilidad y capacitación”, detalla un empresario.
Para esta fuente ese era el orden inicial de prioridades, pero al poco andar -dice- el gobierno lo dio vuelta y dividió el proyecto en tres. “Mandó la capacitación y la flexibilidad, y dejó para la cola el tema de la negociación”.
Para muchos, esto último se lee como que en realidad lo dejó caer. Nadie espera que ingrese un aspecto tan polémico y complejo en medio de una futura campaña electoral, o si lo hace, se cree que será “un saludo a la bandera”, sin posibilidad de que prospere.
Para los consultados, de nuevo desaprovechó el “momentum”. “Podría haber dado la pelea al principio, en medio de su alta popularidad y una CUT muy cuestionada; hoy parece tarde”, señalan.
Y así, las expectativas van a la baja. Para Swett, por dos motivos: “No se ha logrado, después de un largo tiempo, sacar adelante las reformas pro inversión y pro certeza jurídica, donde el Congreso tiene una gran responsabilidad y es muy perjudicial si algunos sectores promueven una actitud de rechazar todo. Y dos, porque desde el mundo empresarial vemos con preocupación el escenario de una posible guerra comercial entre EE.UU. y China”.
Nuevas concesiones
Uno de los últimos sucesos vino de la mano de una tercera reforma: la previsional. Tal como se hiciera con el impuesto corporativo, el gobierno rápidamente les quitó la posibilidad de administrar el 4% adicional a las AFP, entregándoselo a un ente público.
“Ojalá hubiera visto que las cosas que el gobierno cree que son mejor para el país tuvieran una repercusión más fuerte”, indica Santa Cruz, quien asegura que puntualmente, en el caso previsional, los eslóganes se han impuesto, incorporando incluso lo que la Ocde no recomienda. A lo que Swett añade: “Nos preocupa que la pregunta sea quién administra el 4% y no sea cómo administrar mejor ese 4% para mejorar las pensiones”.
Por su parte Melero acusa: “Se lanzan los proyectos sin mayor base política, después se empiezan a hacer concesiones sin tampoco base política y hay una oposición que es insaciable”.
De hecho, en privado son varios los empresarios que manifiestan que no entienden cómo un gobierno de derecha negocia reformas, como la tributaria y la de pensiones, cediendo aspectos en los que es evidente que no cree.
Al respecto, para una parte del sector empresarial el gobierno debería tener la disposición de dar un paso al lado y retirar las iniciativas, antes de desvirtuarlas excesivamente. Si bien para Larraín Matte aún no se ha llegado a ese extremo, confía en que, después de aprobada la idea de legislar de varias iniciativas, su discusión y posiciones sean de una profundidad y tono diferente al que se ha visto.
Con esa idea en mente, varios concuerdan en que llegó el momento de que los ministros se desplieguen explicándole las iniciativas directamente a la ciudadanía.
Con todo, si bien no pierden la esperanza de que las reformas claves salgan antes del primer trimestre de 2020, hoy eso se ve difícil y la noción de no pocos entrevistados es que esta administración ya entregó lo que podía dar, lo que amenaza con seguirse reflejando en las cifras.
Fuente: Pulso.

 

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