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Glaucoma: Daño crónico y progresivo que no se ve

Glaucoma: Daño crónico y progresivo que no se ve

Santiago. 11 marzo 2019. Glaucoma  es una neuropatía óptica no muy conocida entre la población, pero que puede afectar con mayor frecuencia en mayores de 40 años. Por eso, cada 12 de marzo, se conmemora el día Mundial del Glaucoma, para concientizar a las personas respecto a esta patología que puede derivar en la ceguera total.
 
"Actualmente en Chile no hay datos muy concretos, pero se sabe que entre 80 y 140 mil personas tienen Glaucoma. El problema es que por cada paciente que está bajo control, en la calle anda otro que no sabe que tiene esta neuropatía óptica", dice Hugo Berríos, coordinador de la mención de Oftalmología y Optometría de la carrera de Tecnología Médica de la Universidad San Sebastián (USS).
 
Según cifras de la Organización Mundial de la Salud (OMS), el glaucoma es la segunda causa más común de ceguera en el mundo y afecta a cerca de 80 millones de personas.
 
El académico USS explica que se trata de "una neuropatía óptica, crónica, progresiva, degenerativa y asintomática. Afecta al nervio óptico que es el encargado de transmitir la información del ojo al cerebro. Es como el cable del televisor. Para que éste se encienda, el cable tiene que estar en buenas condiciones".
 
Berríos señala que cuando hay glaucoma, el nervio óptico se empieza a desgastar y se habla de patología crónica "porque una vez que aparece ya no se quita nunca más. Además, es progresiva porque va avanzando y degenerativa porque el daño al nervio óptico es cada vez mayor".
 
"Aunque sea asintomático, muchas veces (aunque no siempre) produce un aumento de la presión intraocular. Dentro del ojo, tenemos un humor acuoso que es un líquido que llena el ojo por la parte anterior y existen ciertos rangos de presión considerados normales, en promedio entre 10 y 19 milímetros de mercurio (mmHG). Generalmente cuando el aumento de presión intraocular existe, este no se siente, pero cuando se produce un glaucoma agudo, ya sea producto de un golpe o un cierre angular de la cámara anterior debido a alguna patología como la diabetes, estos rangos aumentan enormemente en pocas de horas", explica Berríos.
 
El tecnólogo médico precisa que la característica típica del glaucoma agudo "es un ojo rojo, rígido y muy doloroso. Disminuye la visión, hay destellos y fotofobia, junto con dolor alrededor del ojo en incluso en la mitad de la cabeza". Este es el único caso donde existen síntomas claros, pero la gran mayoría de los glaucomas no tienen ningún indicio.
 
El profesional añade que lo que se afecta con el glaucoma "es la amplitud de visión. Se empieza a reducir el campo visual pero no la agudeza para distinguir lo que tenemos al frente. Es cómo mirar a través de un tubo y cuando la persona ya nota el defecto, muchas veces es demasiado tarde y se puede llegar a la ceguera". 
 
Causas
 
Respecto a las causas, el tecnólogo médico aclara que "no hay un conocimiento certero, pero la investigación genética está llevando a otro tipo de teorías sobre su origen. Por eso es que en la evaluación y diagnóstico se trabaja más con los factores de riesgo para padecer esta enfermedad".
 
Los más frecuentes son: Antecedentes familiares o herencia genética o también padecer una diabetes mellitus que está descompensada. Además, están las hipermetropías y miopías muy altas.
 
Puede presentarse "en cualquier etapa del ciclo vital e incluso existe un glaucoma congénito donde los bebés nacen con esta patología. Sin embargo, la gran mayoría de los casos se presenta en adultos mayores de 40 años. A esto se suman, los factores de riesgo adicionales como la diabetes y la hipertensión", sostiene Berríos.
 
El académico USS advierte que cuando es "un glaucoma congénito, no se aprecian los síntomas, pero sí algunos signos como los ojos y córneas muy grandes (megalocornea) en los recién nacidos".
 
Si el glaucoma es originado por una descompensación de la diabetes, Berríos sostiene que "producto de los infartos en la retina (retinopatía diabética) el organismo genera nuevas arterias para suplir las que están dañadas (…)  Estas arterias "crecen desde la parte trasera del ojo, pero empiezan a avanzar hacia adelante y llegan a la puerta de salida del humor acuoso que se tiene que drenar.  El problema es que se cierra la compuerta que siempre debe estar abierta para regular la presión del ojo y así aumenta la presión intraocular".
 
Detección y tratamiento
 
"Se recomienda un chequeo anual para cualquier persona mayor de 40 años. Se hace una tonometría aplanática que es un examen sencillo que mide la Presión Intraocular y que lo realiza un médico oftalmólogo o un tecnólogo médico oftalmólogo. Lo ideal es complementarlo con un examen físico del nervio óptico", puntualiza el docente.
 
En cuanto al tratamiento, Berríos explica que "la terapia lo que busca es bajar la presión intraocular. No hay otra alternativa de manejo de la enfermedad y para ello se pueden utilizar medicamentos o gotas, además del uso de láser o bien soluciones quirúrgicas. Todas estas opciones apuntan a reducir la producción del humor acuoso o facilitar su drenaje".
 
Fuente: Alvaro Mociño Moggiolo.
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