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Exitosa experiencia de generar energía en Alaska podría replicarse en Chile

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Exitosa experiencia de generar energía en Alaska podría replicarse en Chile

Exitosa experiencia de generar energía en Alaska podría replicarse en Chile

Punta Arenas. 30 agosto 2021. La escena ocurre así cada año: En verano, con menos agua, comienza el racionamiento energético y los pobladores ya acostumbrados -como ha pasado en toda su historia-, vuelven a iluminar Tortel con velas y generadores particulares. Este pequeño poblado se encuentra ubicado a 454 kilómetros de su capital regional Coyhaique y a 1.216 kilómetros de distancia de Punta Arenas.

Y es que en pleno siglo XXI, encender y apagar la luz a libre antojo es un lujo impensado y un anhelo que cargan por décadas los casi 600 habitantes del pequeño poblado que crece a orillas del río Baker, en la región de Aysén.

La historia no es distinta a otras comunidades más al sur, como Puerto Edén o Puerto Toro, en la región de Magallanes.

“Pobreza energética” es el concepto que mejor describe esta realidad latente y que según datos de Naciones Unidas afecta a más de 700 millones de personas que dependen exclusivamente del combustible diésel para generar electricidad.

“Tortel es lindo, hermoso, hay una naturaleza y un hábitat increíble, pero para crecer, y desarrollarnos hay que resolver las necesidades básicas. No se puede pensar en hacer turismo sustentable sin primero resolver nuestras necesidades como comunidad. La carencia a veces se normaliza y está la sensación permanente en la comunidad que seguimos en abandono”, explica Ignacio Pardo, asistente social de la comuna de Tortel.

Experiencia exitosa

En tanto, en el extremo norte del planeta, en Alaska, una pequeña localidad está cambiando la historia y mostrando al mundo las ventajas de la energía hidrocinética, con tecnología amigable al medio ambiente. Ellos mismos son propietarios y administran su propia energía, gracias a un convenio realizado con la empresa de energía sustentable ORPC que tiene casa matriz en Portland, Maine, EE.UU. y réplica en la región Magallanes, Chile.

La aldea de Igiugig se graduó con honores al utilizar con éxito el dispositivo RivGen, un sistema de turbinas inédito que convierte en electricidad la energía de la corriente fluvial. Se trata de una generación limpia, predecible y renovable, producida localmente.

Pruebas en terreno demostraron que el equipo no genera interacciones negativas con las poblaciones locales de salmón que migran y son un recurso económico y cultural indispensable para la localidad.

Dejaron la dependencia del combustible diésel y hoy la comunidad Iguigig, tiene luz las 24 horas y los 365 días del año, utilizando la fuerza del río Kvichak, sin afectar la fauna ni la ancestral relación que mantienen con el lecho fluvial.

“Muchas personas nos han tildado de ser una comunidad progresiva, pero nosotros funcionamos desde valores nativos. Definitivamente existe aquí una propiedad: somos dueños de nuestra comunidad y de la energía”, dijo AlexAnna Salmon, presidenta de la comunidad Iguigig, al momento de inaugurar la instalación del RivGiven, el año 2019.

“Siempre nos hemos reunido a planear nuestro futuro e invariablemente la pregunta ha sido: ¿qué tipo de lugar debe ser Iguigig para que nuestros niños quieran permanecer aquí?”, reflexionó.

Desafío por la sustentabilidad

La pregunta cobra sentido en el extremo sur y así como lo hizo la comunidad de Iguigig, las soluciones para “dar dignidad energética” están en el propio territorio, asegura Sergio Andrade, director de ORPC y gerente general de Alakaluf, empresa magallánica que promueve el uso de tecnologías y energías renovables en ambientes acuáticos y que ha estudiado en los últimos cinco años la fuerza de ríos en la patagonia argentina y chilena, con el cofinanciamiento del BID, Banco Interamericano de Desarrollo.

“Las comunidades tienen el desafío de generar su propia energía, aprovechar las bondades del entorno y al mismo tiempo cuidar y proteger la naturaleza, con el uso de tecnologías ambientalmente amigables que, afortunadamente, están disponibles”, precisa Andrade.

Hoy, las comunidades aisladas dependen del combustible diésel para generar electricidad y de un costoso y riesgoso operativo de transporte, generando precios hasta 10 veces superiores al de la energía de una red eléctrica tradicional. Eso, sin contar el daño medio ambiental y los riesgos de derrame durante el tránsito del combustible.

La exitosa experiencia de generar energía eléctrica en el río Kvichak de Alaska podría replicarse en Chile. “En la zona ya contamos con la tecnología de ORPC, y la localidad de Tortel podría ser la primera en el hemisferio sur, en acceder a un sistema sustentable de turbinas sumergidas que por primera vez en su historia les dé dignidad energética”, explica Andrade.

Ya están los estudios que avalan la factibilidad de la iniciativa y prontamente el proyecto será presentado a la comunidad, el Concejo Municipal y autoridades pertinentes.

“El río Baker es el ´Amazonas´ de la velocidad, es un río cortito, no más de 130 km., pero es muy rápido y siempre tiene agua. Es potencia mundial y cumple con todas las garantías para aprovechar su curso y entregar energía eléctrica continua, y limpia a la comunidad, incluso a pocos kilómetros de la desembocadura tiene la fuerza necesaria para abastecer con energía limpia y renovable”, precisa Andrade, de profesión biólogo marino, oceanógrafo y Máster en Ciencias Oceanográficas de la Universidad del Estado de Nueva York.

“La ventaja de no usar combustibles fósiles para la generación eléctrica, ayuda a evitar la emisión de gases de efecto invernadero y los ruidos molestos de los motores de combustión interna. Además, es consecuente con la vocación turística del poblado. Hablamos de una tecnología que no requiere obras civiles y los costos de generación de energía y mantención son menores en comparación a fuentes convencionales, debido al uso de una fuente renovable”, precisa.

El cambio climático obliga a repensar el futuro de las comunidades aisladas. Se trata de disminuir la huella de carbono y entregar energía continua y sustentable, con la participación y empoderamiento de las comunidades a partir de las ventajas que tiene en su propio territorio, tal cual lo hizo la comunidad Iguigig, en Alaska.

 

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