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El Volcán Hudson entró en alerta amarilla: ¿qué significa?

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El Volcán Hudson entró en alerta amarilla: ¿qué significa?

El Volcán Hudson entró en alerta amarilla: ¿qué significa?

Río Gallegos. 26 diciembre 2020. El Jefe de la Red Nacional de Vigilancia Volcánica (RNVV) del Servicio Nacional de Geología y Minería (Sernageomin) de Chile, Álvaro Amigo, explicó que significa el estado de alerta amarilla para el volcán Hudson, que se declaró esta semana.

“Como consecuencia del aumento de los parámetros de monitoreo en el volcán Hudson esencialmente asociados a un aumento en la sismicidad y de la magnitud de ésta, es que se ha decidido un cambio de alerta técnica de verde a amarilla”, relató Amigo en un mensaje emitido por el organismo chileno.

“Quiere decir que el volcán ha salido de su nivel base de actividad y por lo tanto esta presentando, desde noviembre, un escalamiento en su actividad interna”, explicó.

Esto significa que “se ha detectado una fuente sismogénica en la zona sureste de la caldera que ha presentado actividad sísmica de ruptura y transporte de fluidos. No obstante a la fecha no se ha detectado actividad superficial”, precisó.

Por este motivo la Red Nacional de Vigilancia Volcánica mantiene el seguimiento “día a día”.

En su reporte del 22 de diciembre, el Servicio Nacional de Geología y Minería de Chile detalló quedesde el 1 al 15 de diciembre se registraron 274 sismos clasificados como volcanotectónicos (VT), asociados con fracturamiento de material rígido.

“El evento con mayor energía presentó una magnitud local (ML) igual a 2,9 y se localizó a 4,7 km al este-sureste (ESE) del centro de la caldera con una profundidad de 4,6 km.

Se destaca que una cantidad importante de esta sismicidad se registró durante la ocurrencia de 2 disparos sísmicos (generación de sismicidad en un lapso corto de tiempo) ocurridos los días 10 y 11 de diciembre”, precisaron.

De igual forma, se clasificaron 36 eventos sísmicos de largo periodo (LP), sismicidad relacionada con la dinámica de fluidos al interior del edificio volcánico y/o producida por la actividad glaciar; el mayor sismo presentó una energía valorada a partir del parámetro Desplazamiento Reducido (DR) igual a 29,6 cm2″.

Adicionalmente, se registraron 5 sismos clasificados como Híbridos (HB), comúnmente relacionados a un mecanismo compuesto por un fracturamiento de material rígido y posterior perturbación debida la circulación de fluidos al interior de los conductos volcánicos.

“El sismo con mayor energía presentó una magnitud local (ML) igual a 3,1, el cual fue localizado 4,0 km al sursureste (SSE) del centro de la caldera a una profundidad de 4,3 km.”, indicaron.

Sin actividad en la superficie

A pesar de los movimientos internos no se registraron variaciones que sugieran cambios en la dinámica interna del volcán y tampoco se reportaron “anomalías en las emisiones de dióxido de azufre (SO2) a la atmósfera en el sector próximo al edificio volcánico”, según los datos publicados por Tropospheric Monitoring Instrument (TROPOMI) y Ozone Monitoring Instrument (OMI) Sulfur Dioxide Group.

Riesgo posible

En las conclusiones del reporte el organismo describe que durante las últimas semanas, el volcán Hudson ha mostrado un cambio evidente en su actividad sísmica, representada por un incremento de la sismicidad volcánica (VT, HB y LP), tanto en la tasa de ocurrencia, como en la valoración de sus energías.

Específicamente, durante la primera quincena de diciembre el mencionado incremento ha alcanzado valores que superan el umbral base para este volcán, como es el caso del sismo de magnitud local (ML) igual a 3,1 ocurrido el día 10 de diciembre.

Las localizaciones asociadas a los sismos sugieren una fuente relativamente somera ubicada al sureste (SE) de la caldera. Aunque otros parámetros volcánicos aún son considerados en valores normales, la ocurrencia de la mencionada actividad sísmica permite inferir una mayor dinámica al interior de los conductos volcánicos.

“En caso de una futura reactivación volcánica, son esperables procesos tales como generación de lahares, emisión de ceniza, eyección de balísticos, entre otros. Las zonas más probables de ser afectadas, según la evidencia geológica, son el entorno inmediato de la caldera, los valles de los ríos Huemules, Cupquelán (hacia el oeste), Sorpresas y sus afluentes (hacia el suroeste), así como la cuenca del río Ibáñez (hacia el sureste)”.

Fuente:laopiniónaustral.com.ar

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