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Diálogo Sur | Noticias & Opinión

El problema con las salas de clases en Chile

El problema con las salas de clases en Chile

Santiago.22 febrero 2019.   La sala de clases tiene un problema fundamental: los alumnos no quieren estar ahí. ¿Y qué quieren los alumnos? Salir a recreo. Eso, o tal vez, aprender en la clase, si es que esta les está gustando. Pero esto último ocurre pocas veces, ya que ven, y con justa razón, la educación como una obligación de la que no pueden escapar (excepto en recreo de 10 minutos por cada 2 horas o algo por el estilo).
 
Ahora, preguntémonos por la otra parte, ¿Qué quieren los profesores y apoderados? No nos extendamos:
 
Principalmente, que aprendan conocimientos, valores (en el amplio sentido de la palabra), y que aprendan a sociabilizar y a relacionarse con sus pares.
 
Ya existe una conciencia general de que estos dos últimos ámbitos se aprenden mejor cuanto más tiempo libre tengan los niños.
 
A través del juego, ellos naturalmente van desarrollando las habilidades necesarias. El aparente problema, es que no podemos dejar de lado el conocimiento, y por algún motivo se ve este ámbito de la educación como parte contraria de las anteriores, se habla de habilidades "duras" contra "blandas", y mucha gente piensa que por desarrollar una se va a descuidar la otra.
 
Volvamos a la sala de clases. Demasiados alumnos por sala, diferentes ritmos de aprendizaje, diferentes intereses, poca motivación por parte de los estudiantes (las buenas y malas notas son algo bastante indirecto con lo que te premian o te castigan tus padres), etc. ¿Por que tiene que parecer una cárcel un lugar donde vas a pasar los primeros 18 años de tu vida prácticamente? ¿Como no va a existir una forma simple de reunir intereses mutuos y generar un pacto simbiótico, del cual ambos grupos (niños y adultos) puedan sentirse beneficiados?
 
Existen miles de teorías y formas distintas de enseñanza. No voy a intentar meterme ahí porque no tengo los conocimientos suficientes como para aportar algo significativo.
 
Pero si se una cosa: los individuos se mueven en pos de sus intereses. Así que, más allá del sistema educativo que se quiera elegir, con una recompensa simple que sirva a sus intereses, se puede incentivar mucho mejor que los alumnos quieran aprender, lo que es prácticamente lo más importante para que aprendan.
 
El método para esto es muy simple: Demuestras que aprendiste, puedes irte. Imaginemos una clase de dos horas, la cual tiene como objetivo, aprender "x" concepto, ser capaz de usar "y" o entender la diferencia entra "a" o "b".
 
El profesor explica y repite, y los que pueden demostrar que ya lo entendieron, pueden salir a jugar. Poco a poco la sala se va vaciando, lo que ayuda a quienes les cuesta más, a poder tener una clase cada vez más particular.
 
Se crea un incentivo real e inmediato para el estudiante, así como se le facilita el trabajo al profesor. Todos igualmente cuentan con un recreo mínimo, así como los que ya aprendieron pueden si quieren mantenerse en la sala.
 
Los alumnos con el tiempo podrían incluso verse motivados a revisar la materia que les van a pasar desde antes, para llegar con esta aprendida.
 
De esta forma, tu trabajo estudiando se ve recompensado día a día de acuerdo con reglas justas y claras, en donde un gran alumno podría ir a la escuela casi exclusivamente a jugar.
 
No es una gran revolución en cuanto a enseñanza, no vendría a eliminar las pruebas, a lo mejor no serviría para todos los ramos ni para todas las cosas que se deben aprender.
 
Es un ejemplo, así como podrían haber muchos otros, de cómo, tomando en cuenta los intereses de las personas a las que queremos ayudar (educar en este caso), podemos tal vez avanzar mucho más rápido y fácil, algo que por desgracia casi siempre se olvida.
 
Fuente: Emol. 
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