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El Estado simplemente no nos entiende’: el pueblo mapuche aspira a una nueva Constitución

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El Estado simplemente no nos entiende’: el pueblo mapuche aspira a una nueva Constitución

El Estado simplemente no nos entiende’: el pueblo mapuche aspira a una nueva Constitución

Santiago. 1 diciembre 2020. Desde hace mucho, el grupo indígena más numeroso de Chile ha exigido el reconocimiento oficial de su cultura y de sus reivindicaciones sobre las tierras ancestrales. Un referéndum sobre una nueva Constitución les da la oportunidad de ser incluidos.

Huelgas de hambre. La ocupación de un edificio municipal. Ataques incendiarios contra camiones que viajan por el sur de Chile.

El prolongado conflicto entre el gobierno y los mapuches, el grupo indígena más grande de Chile, sobre los derechos de la tierra y el reconocimiento de sus derechos se ha intensificado en las últimas semanas llegando a provocar acciones violentas que son atizadas por la penuria económica de la pandemia.

Los enfrentamientos fueron condenados por el gobierno. Pero el conflicto amplificó el apoyo público a las demandas de los mapuches y llevó su causa a lo más alto de la agenda política pocas semanas antes de que los chilenos decidieran si van a revisar su Constitución, lo que crea potencialmente la primera oportunidad en décadas para el reconocimiento oficial de las comunidades indígenas de Chile.
Cerca del 13 por ciento de los chilenos —aproximadamente dos millones de personas— se identificaron como indígenas en el censo de 2017. Sin embargo, Chile, a diferencia de algunos de sus vecinos de Sudamérica, no reconoce a sus pueblos indígenas en la Constitución, dijo Felipe Agüero, politólogo de la Universidad de Chile.

“La Constitución chilena no reconoce ni considera a los mapuche”, dijo.

Para Gerela Ramírez Lepin, una universitaria de Curarrehue, una comunidad mapuche cerca de la frontera andina de Chile con Argentina, el camino hacia la redacción de una nueva Constitución que pueda remediar esa exclusión no puede comenzar lo suficientemente pronto.

“Es una oportunidad histórica para asegurar que nadie se quede atrás”, dijo. “Es posible que nunca vuelva a tener esta oportunidad”.
El ministro del Interior de Chile ha dicho que el gobierno está dispuesto a negociar con los mapuches y ha condenado el conflicto en la Araucanía, la región más pobre del país, como las acciones de una minoría violenta.
Un número creciente de chilenos simpatizan con los mapuches y ven los conflictos de las semanas pasadas como el último punto de inflexión en una lucha de décadas contra el Estado por el derecho a la tierra, el reconocimiento a su cultura y las tácticas a menudo brutales de las fuerzas de seguridad.

“A lo largo del tiempo, el conflicto volvió a ser una olla de presión”, dijo Verónica Figueroa Huencho, académica visitante en la Universidad de Harvard quien también es mapuche.

La semana pasada, el gobierno anunció la creación de un comité, encabezado por el presidente Sebastián Piñera, para discutir los conflictos territoriales y el desarrollo social en la Araucanía.

El creciente apoyo a la causa mapuche se hizo evidente durante las protestas antigubernamentales en Santiago, la capital, y otras ciudades, que fueron duramente reprimidas por una fuerza policial militarizada.

La bandera Wenufoye de los mapuches era omnipresente, y los manifestantes instalaron un rewe —un tipo de altar utilizado en las ceremonias mapuches— en la Plaza Italia de Santiago.

En las paredes del centro de la ciudad se colocaron imágenes de Camilo Catrillanca, un mapuche cuya muerte a manos de las fuerzas de seguridad en 2018 provocó la indignación nacional.

Las manifestaciones, que iniciaron después de un aumento de las tarifas del metro en octubre, se convirtieron en una denuncia más amplia de la arraigada desigualdad de Chile y, finalmente, allanaron el camino para el proceso de reforma constitucional que está programado para comenzar el próximo mes con un plebiscito.

“Fue emotivo”, dijo Ramírez Lepin, quien participó en las protestas. “Por primera vez en mi vida tuve la sensación de que no estamos solos; que la subyugación de los mapuche se había prolongado demasiado”.

Fuente:the new york times.cl

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