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El buen trato como un bálsamo en tiempos adversos


columna

El buen trato como un bálsamo en tiempos adversos

El buen trato como un bálsamo en tiempos adversos

(Por Verónica Aravena Briones, Psicóloga – Psicoterapeuta, Consejería Estudiantil en Salud Mental Dirección de Asuntos Estudiantiles, Umag) La noción de buen trato está vinculada a un conjunto de comportamientos amables, positivos y alentadores hacia las demás personas. Se refiere al modo de tratarnos, comunicarnos, proceder y relacionarnos con otro/os individuo/s y con todo aquello que nos rodea, así como al tipo de trato que se considera ético o correcto desde el punto de vista moral y que nos dignifica como seres humanos.

Fomentamos del buen trato entre las personas si nuestra vida se mueve en torno a una serie de valores o pilares que son fundamentales para ello, tales como, el respeto por las diferencias, el reconocimiento mutuo, la empatía, la comunicación asertiva, la actitud amorosa y compasiva, todo lo cual promueve en nosotros/as sentimientos de satisfacción, autoestima positiva y sensación de bienestar.

Cuando bien tratamos, demostramos actitudes que evidencian valoración de todo lo que se encuentra en nuestro mundo subjetivo, siendo clave la presencia de cualidades tales como: ser una persona respetuosa, cercana, colaborativa y solidaria, ofrecer seguridad, saber escuchar, hacer uso de un lenguaje corporal y verbal adecuado, brindar cortesía y simpatía, ser confiable y fiable. Igualmente lo manifestamos a través de ciertas expresiones amorosas en el contacto con los demás, tales como un beso, una caricia, un abrazo cálido, un “por favor”, un “gracias”, un “lo siento”, un “te amo”, tratándose de cualidades que podemos cultivar y desarrollar a lo largo de la vida.

Este cultivo de cualidades humanas nos permite avanzar en el logro de relaciones sanas, bien-tratantes y edificantes, para lo cual, se requiere trabajar en la generación de una Cultura de Paz y Amor, siendo necesario comprometernos como sociedad, con la promoción de la convivencia pacífica, respetuosa y amorosa dentro de la familia, en la relación con amigos/as, vecinos/as, compañeros/as de trabajo y demás seres que nos rodean, incluyendo todo lo que existe a nuestro alrededor, lo que finalmente constituye nuestro espacio vital, soporte emocional, redes de afecto y protección que le dan sentido a nuestra existencia.

Al interior de nuestras familias, el buen trato se logra cuando brindamos espacio y tiempo para relacionarnos con los demás miembros de ésta, mostrando alegría y disposición a descubrir y respetar sus necesidades individuales. El sentimiento de ser bien tratado/a por nuestros más cercanos, implica sentirse protegido/a, seguro/a, aceptado/a, querido/a, comprendido/a y respetado/a. Luego, este tipo de relaciones resultan fundamentales para la salud mental de todo ser humano, así como para crear lazos de amor, afecto, cuidado, confianza, aprecio y reconocimiento en la relación con quienes compartimos la vida diaria, siendo un efectivo antídoto en momentos de adversidad y crisis.

Aprender a dar y recibir, saber negociar en la relación con los demás y tolerar las frustraciones siempre presentes en nuestra vida cotidiana, es la base de una convivencia pacífica. Así también, resulta prioritario ser responsables en lo que hacemos y ser considerados/as con las normas que rigen la convivencia en armonía con quienes convivimos en la sociedad.
Ir al encuentro de otro y ayudarlo incondicionalmente es un acto lleno de energía refrescante y sanadora, que beneficia tanto al que da como al que recibe. Los actos de bien tratar llevan implícitas las acciones de ayuda mutua, cooperación, corresponsabilidad y solidaridad, así como de cuidar y proteger la naturaleza, el hogar, la escuela y la comunidad donde vivimos. Son conductas que favorecen el bien común, especialmente en condiciones difíciles, crisis o emergencia.

La vida es el arte del encuentro, y para ello es necesario abrirnos a aceptar a los demás tal y como son, ser tolerantes con ello, escuchar y manifestarnos desde la bondad y pureza del corazón. Cuando nos olvidamos del mensaje del corazón, caemos en la rutina y en las dificultades de la vida cotidiana, entonces comenzamos a sentirnos insatisfechos/as y desdichados/as, ya que hemos olvidado lo esencial de nuestra existencia, la maravillosa energía del amor, la bondad, la compasión y la alegría de vivir.

Desde dicha energía amorosa surge la Gratitud, una cualidad inherente al buen trato, enormemente gratificante para sí mismos y para los demás. Ser agradecidos/as es manifestar abiertamente la gracia de la vida, de estar vivos, disfrutando de ella con una sonrisa en los labios, siendo alegres y positivos incluso en tiempos de guerra, como lo muestra hermosamente la película “La vida es bella”. Así entonces se logra estar serenos y alivianar la carga, ya que dicha actitud actúa como un bálsamo que ayuda a limar asperezas, suavizar las relaciones con los demás, disminuir tensiones y superar con mayor facilidad circunstancias estresantes, focalizando la mirada en la luz que se irradia en cada momento, por muy difícil que este parezca.

 

 

Verónica Aravena Briones

Psicóloga – Psicoterapeuta, Umag

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