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Cooperativa de Puerto Natales aumentó producción de lechugas gracias a vivero climatizado

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Cooperativa de Puerto Natales aumentó producción de lechugas gracias a vivero climatizado

Cooperativa de Puerto Natales aumentó producción de lechugas gracias a vivero climatizado

Puerto Natales. 10 marzo 2021. La lechuga es un alimento esencial en la dieta de los magallánicos desde siempre -junto a la carne y las papas- y por eso Nirmia Salamanca (36) y su familia, pequeños agricultores de Puerto Natales, decidieron volcarse en cuerpo y alma al cultivo orgánico de la variedad Grand Rapids de esta hortaliza, para ofrecer un producto regional de primera calidad a los habitantes de la zona.

“Acá hay agricultores que se han diversificado, incorporando tomates cherry y otros cultivos que se usan más en platos gourmet, pero la lechuga sigue siendo la reina y además es rentable”, dice esta joven madre que abandonó su carrera de periodista para trabajar la tierra junto a sus padres, Martín Salamanca (75) y Ximena Ascencio (64), y sus hermanos Martín (34), Maryory (38) y Jorge (40), los que también dejaron sus actividades para convertirse en agricultores.

Entre los seis conformaron la cooperativa familiar Ñuque Mapu (Madre Tierra) y cuentan con 2.500 metros cuadrados de siembras bajo plástico en el sector Huertos Familiares de la capital de Última Esperanza.

“Cada uno tiene su terreno y lo que decidimos fue formalizarnos de manera asociativa en lo que ya estábamos haciendo; optamos por la cooperativa, que es lo que más nos representa por sus valores”, dice Nirmia.

La comercialización la realizan con gran éxito en negocios y supermercados de barrio, hasta donde llegan en un furgón de reparto Chevrolet que les cofinanció el Instituto de Desarrollo Agropecuario (INDAP), del cual son usuarios, y que en su puerta trasera luce la leyenda “seguridad alimentaria”, un tema que los mueve en su constante proceso de mejoras.

Gracias a un proyecto de la Fundación para la Innovación Agraria (FIA), la cooperativa incorporó el año pasado a su pequeño imperio hortícola una sala de germinación y un vivero climatizado, con el fin de prolongar la temporada de lechugas. Así realizan una producción temprana y planificada, aprovechando al máximo tanto la siembra como el riego.

De esta manera pasaron de tres cosechas en 2020 a cinco este 2021, la última de las cuales será este mes de mayo. Pasado el invierno, la meta es tener lechugas para las ensaladas del 18 de septiembre y así continuar marcando hitos.

“Gracias al vivero, que cuenta con riego por nebulización y una bomba de calor, para enfrentar la inestabilidad climática, tenemos plantines más saludables y vigorosos, lo que nos permite mejorar los rendimientos.

Además, estamos haciendo compost y humus de lombriz”, dice Nirmia.

A través del Programa de Asociatividad Económica (PAE) de INDAP también quieren ver la posibilidad de contar con un ingeniero agrónomo que los ayude a organizar el huerto de una forma estratégica para tener el control de toda la cadena.

Sus próximos pasos son adquirir un camión para recolectar las hojas de la ciudad y hacer compost, producir frutillas, continuar capacitándose y crear a futuro una granja educativa y otros espacios sociales para enseñarles a los habitantes de Puerto Natales a sembrar en sus patios sus propios alimentos y que de esa manera aprendan a ser autosustentables.

En Magallanes la agricultura local satisface solo el 25% de la demanda hortícola, y baja al 12% si se suma todo tipo de verduras, muchas de las cuales no se pueden producir en la zona por las adversas condiciones climáticas.

“Clientes hay, la necesidad de la población de consumir alimentos frescos está; falta seguir trabajando con estrategias y tecnologías que aceleren el proceso de producción, ése es el desafío”, dice la productora.

En ese sentido destaca el papel de INDAP, que ha impulsado una serie de capacitaciones en la línea de la producción orgánica y ha provocado un cambio en la mirada de la pequeña agricultura de la región: “nos han abierto los ojos y nos han mostrado la importancia de la sustentabilidad”.

“¿Lo bueno de trabajar en familia? Que existe cariño, flexibilidad y perdón, y qué mejor que ver a tus padres y hermanos desarrollarse en forma integral por un sueño común. Ése es el mejor pago de la vida”, afirma Nirmia.

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