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Diálogo Sur | Noticias & Opinión

125 años del faro Islotes Evangelistas

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125 años del faro Islotes Evangelistas

125 años del faro Islotes Evangelistas

Punta Arenas. 18 septiembre 2021. El 18 de septiembre de 1896, en medio de condiciones meteorológicas adversas, encendía su fanal uno de los faros más aislados y complejos existentes en el mundo, parte de una historia mayor llena de capítulos de sacrificios que aún se continúan escribiendo en un promontorio rocoso en la zona austral de nuestra Patria.

Erguido en la boca occidental del Estrecho de Magallanes, Faro “Islotes Evangelistas” o “La Roca” como le llaman los fareros, es demostración del triunfo de la voluntad y la audacia de hombres, los cuales superando inhóspitas condiciones, escribiendo una historia que cruza tres siglos y que aún sigue iluminando al navegante, controlando la navegación y protegiendo a aquellos que surcan las complejas aguas oceánicas de las latitudes australes.

Ubicado a 13 millas del continente las condiciones climáticas en aquel peñón son extremas, con un promedio anual de precipitaciones de 2.000 a 3.000 milímetros, vientos sobre los 120 kilómetros por hora, con temperaturas a veces inferior a los -15 grados Celsius y temporales con olas que superan los 20 metros de altura, operando sin descanso ni receso siendo mantenido por cuatro fareros en casi total soledad.

Los estudios de su construcción comenzaron en diciembre de 1892, por el Teniente Primero Baldomero Pacheco, quién al mando del Escampavía “Cóndor”, definió el lugar más apropiado en los Islotes Evangelistas, realizando un detallado informe que el entonces Gobernador de Magallanes, Capitán de Navío Manuel Señoret, remitió a las autoridades nacionales recomendando realizar la obra a la mayor brevedad.

El hombre a cargo de concretar dicha tarea fue el ingeniero escocés George Slight, quien viajando a la zona de los islotes, a bordo del vapor “Potosí” a principios de mayo de 1894, registró en su diario “nunca me hubiera imaginado ver algo tan agreste, salvaje y desolado, como esas rocas oscuras emergiendo en medio de las embravecidas olas. Ver estos peñones borrascosos era realmente sobrecogedor. Con una tenue claridad en el horizonte se podía ver grandes olas rompiendo fuertemente en la parte oeste de los islotes. Una visión que difícilmente alguien pueda imaginar”.

El 25 de mayo de 1894, los ingenieros Slight y Luis Ragosa inspeccionan personalmente el islote, comenzando en abril del año siguiente, junto a un equipo de trabajo escogido para realizar esta difícil y arriesgada obra.

Primero se construyó un estanque de captación de agua, se abrió un camino en la roca, además de instalar un pescante (grúa de operación manual) en el costado del acantilado
por donde se izarían los bultos y materiales, siendo acondicionada una pequeña cueva existente para guardar material y almacenar provisiones. El 7 de noviembre de 1895, se izó la bandera chilena y fue colocada la primera piedra de la torre del faro.

En una piedra labrada, se depositó una caja de plomo conteniendo monedas chilenas e inglesas, más un acta firmada por Slight, Ragosa y algunos obreros. Para mayo de 1896 la torre de 13 metros estaba terminada y lista para recibir el fanal, el cual fue instalado el 30 de agosto.

El 18 de septiembre de 1896 se encendió el faro por primera vez, siendo las naves “Iberia” de la Pacific Steam Navigation Company y “Menes” de la naviera alemana
Kosmo las primeras en ver su luz el 20 de septiembre de 1896.

Hoy Faro “Islotes Evangelistas” continúa iluminando al navegante, siendo el lugar donde hombres y mujeres al servicio de la Patria continúan escribiendo una historia en el Estrecho de Magallanes, guiando a los navegantes y demostrando con cientos de historias de sacrificio y entrega que “el corazón de un farero no late, destella”, siendo demostración del compromiso de nuestro país con la ayuda a la  navegación, manteniendo una densa red de boyas, balizas y faros con el objetivo de salvaguardar la vida humana en el mar.

Aquellos fareros del fin del mundo son hombres y mujeres especiales, que entre viento y soledad tienen clara su misión que es proteger al navegante, siendo herederos de la epopeya de George Sligth con su gente, quienes en una roca en medio del mar lograron construir lo que está fraguado en el corazón del marino, junto a su entrega y el sacrificado servir a la Patria.

A 125 años del inicio de aquella epopeya aún se continúan escribiendo las páginas de una historia única, la cual es un punto de encuentro fundamental con la fuerte vocación marítima de nuestra nación, recordándonos el incesante y silencio trabajo sin descanso que miembros de la Armada de Chile realizan en los lugares más aislados de nuestro territorio nacional, aportando al Desarrollo y Accionar del Estado, resguardando la Seguridad e intereses Territoriales, así como proyectando su progreso y prosperidad.

 

 

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